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Matar gatos: una pésima idea



Candy era una hermosa gata gris. Murió envenenada. Callejera, sobrevivía en una zona de apartamentos que se alzaban junto al mar Mediterráneo. Pasó sus cuatro años de vida sorteando coches, enfrentándose al hambre, a las inclemencias del tiempo, a las enfermedades, y a constantes ataques de perros paseados por sus dueños sin correa ...hasta que el veneno pudo con ella.

Al igual que la pobre Candy, muchos otros gatos libres acaban siendo víctimas de gentes sin escrúpulos, que intentan limpiar las calles de gatos a golpe de veneno. Un acto que va contra la más elemental de las éticas, y que las leyes penales españolas consideran un delito. Porque,  aunque todavía hay quien lo desconoce, como no podía ser de otro modo, cargarse a un gato puede acarrear un serio castigo.

¿Y tú, qué tipo de persona eres?
Candy conoció a dos tipos de personas radicalmente opuestos en su corta vida. Encontró gente que la amó: cuidaron de ella,  le regalaron un nombre, la castraron, la desparasitaron regularmente, le curaron los pequeños resfriados y la alimentaron cada día.

Sus cuidados le permitían seguir con vida. Hacer cosas como respirar la brisa marina con el hocico en alto, soñar bajo las estrellas o pasearse maullando bajito y con gracia, moviendo su cuerpo sinuoso, que tantas veces se enroscaba entre las interminables barandillas de las terrazas de las heladerías. 

En cierto modo, era una minina privilegiada. De una camada de seis gatitos, sólo ella consiguió llegar a la edad adulta ...hasta que un veneno inmisericorde la derribó.

¿Quién le pudo hacer algo así, y por qué? Como a veces sucede en estos intolerables casos, el veneno se lo puso un mindundi, siguiendo indicaciones de una comunidad vecinal pésimamente presidida, con el objetivo de erradicar una pequeña colonia de gatos libres, todos ellos castrados y controlados.

Candy pasó horas agonizando horriblemente, ni siquiera los veterinarios pudieron salvarla. Tuvo una muerte lenta  desde por la mañana y no dejó de respirar hasta por la noche, cuando la misma mano que la envenenó acercaba a la boca de su verdugo deliciosos bocados,  mientras compartía mesa con su familia, a la hora de la cena. Fue de este modo como Candy también conoció lo peor del género humano. Aquella noche, la luna empalideció.

Biocidio
Pero el brutal acto que sesgó la vida de Candy, una vida que le correspondía, no sólo es una gamberrada, ni siquiera un simple acto de vandalismo. Es muchas cosas más: además de un biocidio, constituye una agresión, incluida una grave falta de respeto, hacia quienes cuidaban a ese animal.

Se llama biocidio a cualquier acto que implique la muerte innecesaria de un animal, es decir, un crimen contra la vida, tal y como reconoce la Declaración Universal de los Derechos del Animal.Y, como tal, cometerlo merece, y en algunas ocasiones recibe, el repudio social más absoluto, una tolerancia cero, al igual que hacemos con grandes lacras sociales como la del maltrato a la mujer.

Matar tiene castigo
Pero, más allá de la ética, el rechazo social y los derechos universales de los animales, las leyes también castigan estos asesinatos. Tal y como apunta a GatosBlog el abogado de animales Daniel Dorado, el  artículo 337 del Código Penal se ocupa de este tipo de conductas delictivas. Dice así:
Los que maltrataren con ensañamiento e injustificadamente a animales doméstcos causándoles la muerte o provocándoles lesiones que produzcan un grave menoscavo físico serán castigados con la pena de prisión de tres meses a un año e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales.
 Además de esta ley penal, las competencias en materia de protección animal pertenecen a las comunidades autónomas, cada una de las cuales ha desarrollado una Ley al respecto. Los ciudadanos cada vez se animan  más a denunciar el maltrato animal.

Soluciones que respetan la vida
Las protectoras de animales no se cansan de repetir que exterminar a los animales no soluciona el problema de la sobrepoblación felina. Así, con este fin no tiene sentido alguno matar,  pues las colonias vuelven a recuperarse muy pronto.

La única solución es el control de las colonias, castrando a las gatas. Mantener controlados y cuidados a los gatos libres, en un número siempre estable es la única solución viable. Y, para lograrlo, nada mejor que hablar con la protectora de la zona u organizarse entre varios vecinos. La castración hace milagros, y respeta la vida de los gatos libres, unos seres maravillosos que merecen todo nuestro respeto y que deben ser vistos como lo que son, un gran valor medioambiental.

Permitidme recordar las palabras de Mahatma Gandhi: Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. O de la líder de opinión Ann Landers: la verdadera grandeza de un hombre se mide por la forma en que trata a quien no puede beneficiarlo en nada.  Aunque en este caso, los gatos sí pueden enriquecernos, y de mil maneras.


Los derechos del gato
    1. Considerando que personas, animales y naturaleza pueden y deben vivir en armonía. Considerando que todos tienen sus propios derechos.
    3. Considerando que los derechos de cada uno deben implicar el respeto por los derechos de los demás.
    4. Considerando que los gatos han cedido generosamente su capacidad de subsistir por sus propios medios para convivir con los seres humanos y facilitar la civilización.
    5. Considerando que la humanidad tiene una deuda imborrable hacia los animales y la naturaleza.
    6. Considerando que los gatos tienen derecho a tener un techo y una familia que cubra sus necesidades física y afectivas.
    7. Considerando que el reconocimiento por parte de la especie humana del derecho a la existencia de las demás especies animales constituye el fundamento de la coexistencia de les especies en el mundo.
    8. Considerando que el respeto del ser humano por los animales está unido al respeto del ser humano por el ser humano.
    9. Considerando que la educación implica enseñar, desde la infancia, a observar, comprender
    respetar y amar a los animales, y la reverencia por la vida.
    10. Considerando que amar a los animales nos hace más humanos.
 PROCLAMAMOS LO SIGUIENTE:  

Artículo 1º Ningún gato puede sobrevivir sin ayuda. Abandonar un gato es una acción cruel y degradante. 


Artículo 2º El gato es un ser vivo y tiene derecho a una existencia digna y a un lugar en la sociedad.  Artículo 3º Aunque parezca un ser solitario, el gato necesita recibir y dar afecto, un techo y protección.  Artículo 4º El gato necesita un propietario. Calor en el invierno y un espacio fresco en verano. Necesita buenos alimentos, una cama limpia y agua fresca cada día.  Artículo 5º Los gatos tienen un comportamiento propio, diferente del de los seres humanos. Sólo quien está dispuesto a conocerlos, sin asignarles comportamientos humanos, tiene derecho a tenerlos.  Artículo 6º El gato tiene derecho a vivir con sus propietarios y a crecer al ritmo y en las condiciones de vida y de libertad propias de su especie. a) El gato tiene derecho a ser respetado.  b) El gato tiene derecho a vivir con la madre y a ser criado por ella un mínimo de seis semanas y de aprender a jugar y convivir con seres humanos. Si no respetamos este derecho lo convertimos en un pobre callejero casi imposible de adaptar.  c) El gato tiene derecho a aprender, y puede aprender hasta el último día de su vida. Sólo quien está dispuesto a educarlo, con paciencia, tiene derecho a tenerlo.  d) El gato tiene derecho a ser aceptado e integrado. Sólo quien puede garantizar su bienestar tiene derecho a tenerlo.  e) El gato tiene derecho a una buena alimentación, una buena salud, una buena educación y una buena higiene. f) El gato puede reproducirse. Sólo quien está dispuesto a planificar humanitariamente su reproducción o bien la esterilización tiene derecho a tenerlo.  g) El gato tiene derecho a moverse con libertad y a afilar sus uñas. El propietario debería reservarle un espacio y algún tronco de árbol para su uso.  h) El gato tiene capacidad para jugar y compartir. Sólo quien está dispuesto a disfrutar de su compañía tiene derecho a tenerlo.  Artículo 7º a) El gato tiene derecho a que su vida sea conforme a su longevidad natural. El propietario ha de acompañarle amorosamente hasta su final.  b) Si la eutanasia de un gato es aconsejable por causa de una enfermedad dolorosa incurable, debe realizarse con la compañía del propietario, con la intervención del veterinario, después de dormirlo y ha de ser instantánea e indolora.  c) El cuerpo de un gato muerto debe ser tratado con respeto. Cualquier acto que implique la muerte innecesaria de un animal es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.  Artículo 8º Ningún gato puede ser dedicado a controlar la población de ratas de las ciudades. Es un objetivo irreal y que puede poner en peligro su vida.  Artículo 9º Ningún gato puede ser explotado para esparcimiento humano. Las escenas violentas con gatos maltratados han de ser prohibidas en el cine y en la televisión, a no ser que su objetivo sea denunciar los atentados contra los derechos de los animales.  Artículo 10º a) Los organismos de protección y salvaguarda de los gatos deben ser representados a nivel gubernamental.  b) Los derechos del gato deben ser defendidos por la Ley, al igual que los derechos del hombre.
Fuente: Fundación Affinity. Texto propuesto siguiendo el texto definitivo de la Declaración Universal de los Derechos del Animal, adoptado por la Liga Internacional de los Derechos del Animal y por las Ligas Nacionales afiliadas tras la 3ª Reunión sobre los Derechos del Animal, celebrada en Londres del 21 al 23 de septiembre de 1977. La declaración proclamada el 15 de octubre de 1978 por la Liga Internacional, las Ligas Nacionales y las personas físicas asociadas a ellas, fue aprobada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y, posteriormente, por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Fuente: Daniel Dorado
Fuente: Gatos en casa
Fuente: Fundación Affinity
Fuente: Pobres gatos de la calle
Fotografía: Shlomif2